miércoles, 1 de enero de 2025
Manuel Maples Arce
de todas las estéticas;
operador siniestro
de los grandes sistemas,
tengo las manos
llenas
de azules continentes.
Aquí, desde esta borda,
esperaré la caída de las hojas.
La aviación
anticipa sus despojos,
y un puñado de pájaros
defiende su memoria.
Canción
florecida
de las rosas aéreas,
propulsión
entusiasta de las hélices nuevas,
metáfora inefable despejada de alas.
Manuel Maples Arce
sábado, 2 de noviembre de 2024
Cintio Vitier
Lejos, lejos nací,
viernes, 1 de noviembre de 2024
martes, 29 de octubre de 2024
martes, 22 de octubre de 2024
los Ces
domingo, 13 de octubre de 2024
jueves, 22 de agosto de 2024
Pío Baroja
martes, 11 de junio de 2024
Rogelio Chavarria
lunes, 29 de enero de 2024
sábado, 13 de enero de 2024
los fantasmas del escritor
miércoles, 15 de noviembre de 2023
Juan Bosch
domingo, 16 de julio de 2023
Zoé Valdes
dibuja el oceano
nádala sin respirar
dibuja que te estudian
quisiera ser cómica
pegarle un tiro a alguien
Zoé Valdes
domingo, 22 de noviembre de 2020
Olga Orozco
Entre perro y lobo
Me clausuran en mí.
Me dividen en dos.
Me engendran cada día en la paciencia
y en un negro organismo que ruge como el mar.
Me recortan después con las tijeras de la pesadilla
y caigo en este mundo con media sangre vuelta a cada lado:
una cara labrada desde el fondo por los colmillos de la
furia a solas,
y otra que se disuelve entre la niebla de las grandes manadas.
No consigo saber quién es el amo aquí.
Cambio bajo mi piel de perro a lobo.
Yo decreto la peste y atravieso con mis flancos en llamas
las planicies del porvenir y del pasado;
yo me tiendo a roer los huesecitos de tantos sueños
muertos entre celestes pastizales.
Mi reino está en mi sombra y va conmigo dondequiera que vaya,
o se desploma en ruinas con las puertas abiertas a la
invasión del enemigo.
Cada noche desgarro a dentelladas todo lazo ceñido al corazón,
y cada amanecer me encuentra con mi jaula de obediencia en el lomo.
Si devoro a mi dios uso su rostro debajo de mi máscara,
y sin embargo sólo bebo en el abrevadero de los hombres
un aterciopelado veneno de piedad que raspa en las entrañas.
He labrado el torneo en las dos tramas de la tapicería:
he ganado mi cetro de bestia en la intemperie,
y he otorgado también jirones de mansedumbre por trofeo.
Pero ¿quién vence en mí?
¿Quién defiende de mi bastión solitario en el desierto, la sábana del sueño?
¿Y quién roe mis labios, despacito y a oscuras, desde mis propios dientes?